jueves, 30 de diciembre de 2010

El INTA desarrolló una nueva vacuna contra el virus del herpes bovino


Técnicos del Centro Nacional de Investigación en Ciencias Veterinarias y Agronómicas (CICVyA) del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) Castelar desarrollaron una nueva vacuna contra el virus herpes bovino (HVB), enfermedad que produce pérdidas económicas por 200 millones de dólares anuales.

Según indicaron los especialistas, la enfermedad es la principal causa de enfermedades respiratorias y reproductivas bovinas. El 10 por ciento de los abortos de esas especies son producidos por causas virales en las que el HVB es un agente relevante.

La innovación, que permite identificar los animales infectados en un rodeo, obtuvo la patente de invención por parte del Instituto Nacional de la Propiedad Industrial (INPI).

Ana María Sadir –bioquímica, ex directora del CICVyA del INTA Castelar e inventora de la vacuna– se refirió a la obtención de la patente como un “logro relevante por tratarse del principal virus causante de enfermedades respiratorias y reproductivas bovinas, responsable de elevadas pérdidas económicas para la industria ganadera”.

Esta vacuna se centra en la extracción de uno de los genes del virus.

“Modificamos el genoma viral, tomamos su ADN y extrajimos un gen, la glicoproteína E (gE), una de las tantas proteínas que el sistema inmune puede identificar”, explicó una de las desarrolladoras de la vacuna, Mariana Puntel, ex becaria del INTA Castelar, quien actualmente trabaja en el Instituto Nacional de Salud de los Estados Unidos e investiga la aplicación de terapias génicas en enfermedades humanas.

La idea de extraer esta proteína al genoma viral era atenuar el virus y que el organismo no la identifique como causante de la enfermedad. El sistema inmune del animal vacunado, entonces, identificaría todos los genes que componen el virus menos a la gE.

Por su parte, Juan Carlos Salerno –director interino del CICVyA– destacó que “la obtención de dicha patente constituye un valiosísimo y poderoso ámbito de intervención de la institución que favorece y potencia la interacción entre los sectores públicos y privados”.

Fernando Fernández –director del Instituto de Virología del INTA Castelar–, consideró a la vacuna como “una herramienta moderna que permite ‘marcar’ o diferenciar los bovinos vacunados de aquellos infectados. Esto permite hacer una campaña de control y erradicación”.

Anselmo Odeón –técnico del Grupo de Sanidad Animal del INTA Balcarce– indicó que “las pérdidas económicas por causas virales pueden estimarse en 200 millones de dólares anuales si se considera el costo por la venta de vientres abortados, la reposición por hembras reproductivamente aptas y el lucro cesante por los terneros no nacidos”.

El animal infectado, una vez superada la fase aguda de la enfermedad, no presenta síntomas por el virus que permanece latente y no puede diferenciarse de aquellos vacunados, ya que ambos presentan los mismos anticuerpos.

Así, estos animales se convierten en una alta fuente de contagio para el resto del rodeo.

La vacuna obtenida por el INTA permite diferenciar los bovinos infectados de aquellos vacunados gracias a la modificación genética de la cepa causante –por eliminación de la proteína gE–.

“Se puede distinguir la vacuna del virus en función de la presencia o ausencia de esa proteína”, explicó Sadir.

En este sentido, Puntel recalcó que “Europa persigue radicar la enfermedad para el 2010, o en un futuro probablemente se transforme en una restricción para el mercado de nuestros animales”.

Hoy, países como Suecia, Finlandia, Noruega y Austria son considerados regiones libres del herpesvirus bovino tipo 1, por lo que el ingreso de animales infectados podría ocasionar “la enfermedad severa, abortos y disminución de producción lechera, lo que resulta en cuantiosas pérdidas económicas”, afirmó Sadir.

Así, la generación de esta vacuna en el país se transformó en una necesidad y compitió directamente con una vacuna que ya había sido creada en Europa.

“Los resultados de la vacuna desarrollada por el INTA fueron sorprendentes; mucha gente que trabaja en el tema aseguró que superó las expectativas”, manifestó Puntel, quien aclaró que la clave del éxito se encontró en los grados de protección que posee.

“Al vacunar a los animales y someterlos a la infección, la cantidad de especímenes protegidos fue muy grande y su duración muy extensa”, explicó.

Este desarrollo supera ampliamente aquella vacuna clásica –con el virus inactivo entero– obtenida en 1986 a partir de una investigación conjunta de técnicos del Instituto de Virología del INTA Castelar, el CONICET y Laboratorios San Jorge Bagó.

Esta innovación fue transferida a ese laboratorio mediante un convenio de vinculación tecnológica.
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Nuevo adhesivo a base de sorgo


El Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) a través de su Centro de la Industria del Caucho ha desarrollado un nuevo adhesivo a base de grano de sorgo con valores de adhesión similares a los de los productos utilizados en la industria del papel y a un costo sensiblemente menor.

Omar Ferré, coordinador de la Unidad Técnica que involucra el Sector de Adhesivos de dicho Centro explicó que el objetivo del trabajo consiste en agregar valor a la semilla de sorgo y diversificar su empleo. Se apunta al reemplazo del almidón de maíz como materia prima para la fabricación de adhesivos en la industria del cartón corrugado.

"El sorgo es un cultivo que se adapta mejor a zonas agrícolas marginales
(tiene buena resistencia al stress hídrico, ayuda a la correcta rotación de cultivos,etc.). Por esta razón ha vuelto a la consideración de los productores rurales en nuestro país", dijo.

El adhesivo obtenido en el laboratorio del INTI presenta valores de adhesión similares a los de los productos utilizados corrientemente en la industria corrugadora (el cartón corrugado es el material con el que se fabrican las cajas para envase y transporte de mercaderías).

Por otro lado, el costo es sensiblemente menor. Para dar una idea, se puede recurrir a datos de información de mercado.

Hay una relación aproximada de Sorgo/Maíz de 135/165 u$s/Tm (Fuente: Bolsa de Comercio de Rosario para Junio 2011). Esto representa una reducción de alrededor del 20 por ciento en materia prima."

Este desarrollo tecnológico realizado por el Centro INTI-Caucho, está disponible para la industria interesada en su desarrollo comercial.

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El INTA desarrolló un sistema que controla la temperatura de los granos almacenados


El Instituto Nacional de tecnología Agropecuaria (INTA), con sede en la ciudad bonaerense de Balcarce, desarrolló un sistema de bajo costo que controla la temperatura de los granos almacenados con aireación simple.

El coordinador del proyecto Eficiencia de Poscosecha del INTA Balcarce, Ricardo Bartosik, indicó que el diseño y desarrollo del dispositivo surgió en respuesta a la oferta que existe en el mercado local:

“Los controladores de aireación actuales son equipos muy sofisticados y de alto costo, lo cual impide su incorporación en estructuras de acopios pequeñas y medianas”.

El dispositivo se utiliza para enfriar los granos que ya están acondicionados –humedad de recibo– para un largo período de almacenamiento.

“Entre las ventajas puede resaltarse que resulta muy eficiente; sencillo de operar; económico; se utiliza menos horas de funcionamiento del ventilador; ahorra energía –reduce costos–; mejora la calidad del grano; reduce las probabilidades de sobresecado –mermas por humedad – y evita el desarrollo de insectos”, destacó Bartosik.

Además, se destacó que este controlador puede armarse con elementos que se consiguen en casas de electricidad, aun en los pueblos más pequeños.

La aireación es necesaria para mantener la temperatura de la masa de granos baja –de acuerdo con las características climáticas de la localidad y del momento del año–. Siempre que sea posible, la temperatura debería mantenerse por debajo de los 16 °C.

“Con estas condiciones estables se puede asegurar que no se desarrollen los insectos plaga de los granos almacenados”, puntualizó Bartosik.

También, aclaró que contar con un controlador permite programar de manera automática el encendido del ventilador, con lo que “aseguramos un uso eficiente y racional de la electricidad”.

Según Bartosik, una de las mayores preocupaciones de los productores es evitar que se rehumedezca el grano. Cuando se opera con un sistema de aireación manual, es más probable que se termine con sobresecado de los granos.

“Operar sin controlador automático es como trabajar a ciegas, es más probable sobresecar que rehumedecer los granos”.

Por otro lado, una vez que la temperatura de los granos llegó a un valor que asegura una adecuada conservación, se recomienda tapar la boca del ventilador de manera hermética.

“De este modo, se evita la entrada de aire caliente a través de los ductos de aireación y se reduce sustancialmente el riesgo de entrada de insectos y roedores”, señaló el especialista.

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jueves, 23 de diciembre de 2010

Logran golosinas de sandía deshidratada

Dos investigadoras diseñaron bocaditos crocantes con la fibra y las propiedades antioxidantes de esta fruta

Un fruto de generoso tamaño y de bajo costo de producción como la sandía guarda en su colorado interior propiedades más que apetitosas.

Ocurre que su pigmento rojo contiene sustancias que pueden prevenir enfermedades.

De allí que un equipo de científicas argentinas se preguntara cómo lograr promover su consumo y resolviera poner la fruta bajo el microscopio para intentar generar productos innovadores.

Así, el equipo comenzó a trazar una línea de trabajo que condujera a la meta.

"Se nos ocurrió desarrollar bocaditos crocantes de sandía deshidratada que resultaran una golosina saludable", resume la doctora María del Pilar Buera, del Laboratorio de Propiedades Fisicoquímicas y Conservación de Biomoléculas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales (FCEyN) de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

A pesar de ser muy conocida, la sandía es una fruta que estaba poco estudiada, subraya Buera, que junto con el doctor Claudio Petriella dirigió el trabajo de tesis de Alicia Gallo, de la Universidad de Luján.

Tras los análisis correspondientes, los investigadores constataron que "tiene una alta concentración de licopeno, un caroteno que es el pigmento rojo característico de la sandía -precisa-.

Según diversos estudios, esta sustancia que se hizo famosa en el tomate podría tener incidencia en la prevención del cáncer de próstata".

Los carotenos, explica Buera, "tienen capacidad antioxidante que frena la acción de los radicales libres [átomos muy reactivos que pueden desencadenar una reacción en cadena que vulnera las células] y pueden conducir a consecuencias negativas".

El pigmento rojo con características antioxidantes concentró las miradas de Buera y Gallo.

Ambas estaban detrás de productos con valor agregado de componentes bioactivos, es decir que no sólo alimentan, sino que tienen un beneficio adicional al promover la salud y prevenir enfermedades.

"Ya en 1982, un informe de la Academia Nacional de Ciencias de los Estados Unidos incluyó lineamientos enfatizando la importancia de las frutas y los vegetales en la alimentación.

Y fue específicamente destacado el valor de sumar a la dieta diaria frutas cítricas, frutas y verduras ricas en carotenoides, y crucíferas, para disminuir el riesgo de cáncer", destaca Gallo en su tesis Estabilización de colorantes carotenoides.

Los carotenoides no pasan inadvertidos porque su color los delata. Se trata de más de 600 pigmentos naturales sintetizados por plantas, algas y bacterias.

El licopeno, por ejemplo, les da el color rojo característico al tomate, el pomelo rosado, la sandía y la guayaba.

Y en los últimos años, acaparó la atención de la comunidad científica.

"A partir de este interés, en abril de 2006 se inició un proyecto europeo llamado Lycocard, que investiga el papel del licopeno en la reducción del riesgo de enfermedades cardiovasculares.

Lo integran varios centros de renombre de Alemania, Francia, España, Inglaterra, Italia, Hungría y Escocia", precisa Gallo, sobre este estudio. Sus resultados se darán a conocer en febrero próximo.

Sanas y ricas

Con la idea de hacer golosinas sanas y ricas, el equipo diseñó estos bocaditos de sandía deshidratada en distintas formas y tamaños.

"Con algunos aditivos naturales derivados del almidón, y mediante técnicas de microencapsulación, se lograron atractivos productos con el dulzor natural de la fruta y conservando además su atractivo color.

Se diría que es como una especie de concentrado de licopeno. Tiene todas sus ventajas y además posee fibra. Podría ser una forma de golosina atractiva para chicos y adultos", destaca Buera, y señala el caso de Suecia, donde se fomentan los quioscos de golosinas naturales de frutas o derivados.

Así, agrega, la gente se podría acostumbrar a comer golosinas que no serían tan sólo de azúcar, sino que contendrían además un agregado beneficioso para la salud.

Se trata de las denominadas "golosinas nutracéuticas -explica-, es decir que tienen características nutritivas, pero también, de algún modo, farmacéuticas".

Y agrega: "Si los chicos se acostumbraran a comer distintas presentaciones de fruta, en lugar de caramelos, sería una forma de prevenir la obesidad con otros potenciales beneficios para la salud".

Extracto de sandía

La doctora Buera destaca que el grupo desarrolló también un procedimiento para hacer extracto de sandía que hasta ahora no existía.

"Obtuvimos el extracto, diseñamos procesos de secado y estudiamos cómo almacenarlo.

Hasta se podría pensar en estabilizar los aromas, ya que la mayoría de los que actualmente se utilizan son sintéticos, no se obtienen de la sandía. Pero ése ya es otro tema.", agrega.

En ese sentido, tampoco deja pasar por alto la importancia de emplear la producción nacional.

"También es importante destacar la utilización de una producción frutihortícola local, altamente estacional, que ha sido subvaluada y sería una alternativa para el desarrollo de zonas económicamente deprimidas", concluye.

Cecilia Draghi
Para LA NACION

lunes, 13 de diciembre de 2010

Hallan bacterias de 65 millones de años


Investigadores del Conicet las encontraron en estromatolitos fósiles de esa antigüedad

Son las formas de vida más antiguas del planeta. Se llaman estromatolitos y se registran en nuestro planeta desde hace unos 3500 millones de años.

Estas estructuras laminadas en las que la materia orgánica se une a minerales, generalmente carbonato de calcio, producto de la actividad metabólica de microorganismos como las cianobacterias, fueron responsables de aportar oxígeno a la atmósfera terrestre a través del proceso de fotosíntesis, y así posibilitaron el desarrollo de otras formas de vida.

En la actualidad, los estromatolitos vivientes sólo se encuentran en unos pocos lugares del planeta, generalmente en forma fósil.

Pero aunque en la mayoría es difícil encontrar los rastros de los organismos que les dieron origen, recientemente, en el oeste de la provincia de Neuquén, se hallaron estromatolitos con filamentos de algas fosilizadas que pudieron ser vistos con el microscopio electrónico.

Entrampadas en ellos, también hay nanobacterias.

Es más: pudo determinarse su antigüedad con precisión: 65 millones de años.

"Los encontramos cerca de Pichaihue, a unos 60 kilómetros al sudoeste de Chos Malal", detalla la doctora Beatriz Aguirre-Urreta, profesora del Departamento de Ciencias Geológicas de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA, investigadora del Conicet y autora (junto con Maísa Tunik, Maximiliano Naipauer, Pablo Pazos, Eduardo Ottone, Mark Fanning y Victor A. Ramos) de un trabajo que se publicó en Gondwana Research .

Los estromatolitos eran muy abundantes en tiempos remotos, pero cuando surgieron formas de vida más complejas, su presencia disminuyó. "Se reducen mucho en el registro geológico a fines del Precámbrico e inicios del Cámbrico, hace unos 540 millones de años, momento en que se produjo una gran explosión de la vida", señala la investigadora.

En la actualidad, se los encuentra en ambientes extremos, como en Shark Bay, en Australia, en el parque Yellowstone de Estados Unidos, o en la Puna argentina.

Recientemente María Eugenia Farías, de la Universidad de Tucumán, halló estromatolitos actuales en las lagunas de Socompa, en Salta.

Esas estructuras, para formarse, necesitan ambientes acuáticos. Hace 65 millones de años, en la actual provincia de Neuquén, las aguas del océano Atlántico llegaban hasta los pies de los Andes.

La abundancia de estromatolitos en aquel período coincidió, curiosamente, con la extinción de los dinosaurios.

"Hay una hipótesis que vincula la presencia de estromatolitos y la preservación de las nanobacterias que les dieron origen con las grandes extinciones", afirma Aguirre-Urreta.

La mayor desaparición de especies de la historia se produjo hace 250 millones de años, cuando se eclipsó el 92% de la vida. Justo en ese período fue hallada una gran abundancia de estromatolitos, y se postuló que las extinciones masivas podrían ser aprovechadas por estos para proliferar y colonizar ambientes.

No obstante, hasta ahora no se había analizado esta hipótesis con estromatolitos posteriores a la última gran extinción, en la que desaparecieron los dinosaurios.

"Con microscopio electrónico observamos nanobacterias muy bien preservadas", señala Aguirre-Urreta.

Dado que no es posible obtener material genético, estos microorganismos se reconocen por la forma, que es similar a la de organismos actuales emparentados con ellos.

La clave para datar los estromatolitos de Neuquén residió en unas tobas halladas en el mismo estrato. Estas rocas se forman en el momento de una erupción volcánica y se pueden datar por métodos muy precisos, como el de uranio-plomo en circones.

"La técnica, que se realiza en Australia, es muy precisa: dio 64,3 millones, con un error de 1,2 millones de años", dice la investigadora.

Centro de Divulgación Científica, Facultad de Ciencias Exactas, UBA

Susana Gallardo

La Nacion