Hoy en día, la mayor parte de la
comunidad científica no duda en considerar a las aves vivientes como los
descendientes directos de los dinosaurios que habitaron nuestro planeta desde
aproximadamente los 225 millones de años antes del presente hasta hace unos 65
millones de años, cuando un gran meteorito impactó sobre la tierra.
Dicho
impacto generó enormes nubes de polvo y elementos candentes, los cuales
cubrieron el cielo impidiendo la llegada de luz solar a la superficie del
planeta.
Esta noche eterna, que duró aparentemente varios miles de años logró
extinguir a gran parte de las plantas terrestres, y junto con ellas los
dinosaurios.
Sin embargo, un pequeño grupo de estos reptiles logró sobrevivir a
aquel impacto meteórico. Este grupo de dinosaurios diminutos son hoy en día
conocidos comúnmente con el nombre de aves.
A pesar de existir abundante evidencia
acerca de la similitud en los rasgos del esqueleto entre las aves y los
dinosaurios, poco se conoce acerca del comportamiento y modo de vida de estos
últimos, sin embargos los pocos datos que se conocen nos indican que muchos
dinosaurios tenían un comportamiento semejante al de los pájaros actuales.
Al
igual que las aves actuales, muchos dinosaurios empollaban a sus crías y las
cuidaban con devoción hasta que pudieran valerse por si mismas, tal como lo
hacen diversas aves actuales.
Un equipo de investigadores de la
Fundación Azara, la Universidad Maimónides, el Museo Argentino de Ciencias
Naturales y el Museo de los Dinosaurios de Brasil hicieron recientemente un
descubrimiento que permite conocer algo más de las costumbres de los
dinosaurios.
Estos investigadores estudiaron un esqueleto de un pequeño
dinosaurio de la especie Guaibasaurus
candelariensis, de una antigüedad de unos 215 millones de años antes del
presente.
Este dinosaurio, que no superaría los 2 metros de longitud se
encuentra entre los más antiguos y primitivos que se conocen. Sin embargo, la
importancia de su hallazgo no radica en los rasgos de su esqueleto, sino en la
excelente preservación del material extraído.
En efecto, el ejemplar de Guaibasaurus fue hallado en cuclillas,
con las manos plegadas alrededor del cuerpo, y con el cuello plegado hacia
atrás. Esta posición de descanso es una característica única de los animales de
sangre caliente, que hoy en día solo se encuentra en las aves y algunos
mamíferos vivientes. Las aves modernas adquieren dicha postura con la finalidad
de retener el calor de su cuerpo durante las frías noches, en contraposición
con los animales de sangre fría como las lagartijas y cocodrilos.
Es así, que
el Guaibasaurus, al igual que las
aves actuales se acuclillaría y plegaría las manos alrededor de su cuerpo con
la finalidad de retener el preciado calor durante la noche.
Para Federico Agnolín, de la Fundación
Azara: “Este hallazgo presenta una importancia doble: no solo nos indica que
los dinosaurios dormían de la misma manera en que lo hacen las aves vivientes,
sino también constituye una prueba más que demuestra que desde su origen los
dinosaurios habrían sido animales de sangre caliente, muy activos y de
comportamiento semejante a las aves y en contraposición con los lentos reptiles
de sangre fría como los cocodrilos y las tortugas”.
Alina Membibre
Prensa y Comunicación

